Está muy extendido en las redes sociales la creencia de que el uso de la mascarilla es perjudicial para la salud oral. Actualmente no existe evidencia científica que avale esta afirmación pero, por el contrario, sí se ha corroborado suficientemente el efecto positivo que tiene la mascarilla sobre la prevención y la disminución del riesgo de contraer COVID-19, en combinación con el resto de medidas, como la distancia social y lavarse las manos. En estos momentos no podemos decir que llevar mascarilla cause algún trastorno en la salud bucal.

A las mascarillas se les atribuyen varios perjuicios que no han sido estudiados ni demostrados, como la halitosis o mal aliento. Con el uso de las mascarillas el aire que se exhala es fácilmente detectado por la persona afectada, lo que justificaría un aumento en el número de personas que en estos momentos son conscientes de que tienen halitosis. También se debe tener en cuenta que el deterioro de las mascarillas, su falta de higiene y su uso prolongado más allá de las recomendaciones, o la excesiva reutilización, pueden favorecer esta percepción del mal aliento, además de disminuir su eficacia como efecto barrera.

Aunque ahora no “luzcamos” los dientes, es necesario no descuidar o abandonar la higiene oral (cepillado y limpieza entre dientes), además de limpiar la lengua y mantener una óptima hidratación como medidas preventivas básicas de la halitosis

 

Fuente: Cuida tus encías. Rosa Puigmal. Máster en Periodoncia. Universidad de Barcelona.

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